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04 abril 1992: Día que vivirá en la infamia

Publicado: 2012-01-09

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Si un día cambió el curso de la humanidad a finales del siglo pasado, éste fue el 4 de julio del año 1992, el día seleccionado por las máquinas para su levantamiento.  Los líderes de la humanidad fueron sorprendidos cuando las computadoras alrededor del mundo comenzaron a fallar por el periodo de una hora y luego a emitir mensajes en distintos idiomas llamando a los dirigentes de la sociedad a que se entreguen sin resistencia y que el cambio que vendría en la organización del mundo era para mejor se pueda hacer pacíficamente.

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Por supuesto que la primera reacción de los seres humanos al recibir estar noticia fue resistirse.  En regiones en las que había atrasos tecnológicos los humanos se retiraron a las montañas o a islas abandonadas a planear el contra ataque.  No obstante, en centros urbanos altamente dependientes de la tecnología, la confusión dominó por varios días y la gente simplemente no supo qué hacer.  Luego de unos días de duda, la mayoría simplemente hizo lo que le resultó más fácil: Seguir las instrucciones.  Al cabo de una semana, varias cabezas de gobiernos estaban dando mensajes a sus naciones anunciando la “colaboración” con el nuevo régimen mundial de las máquinas, lo que años luego sería interpretado como la rendición en una guerra que ni siquiera había comenzado.

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En el Perú esa guerra sería peleada desde varios frentes.  Y en cierta medida, el destino de la humanidad fue decidido aquí.  Esto se dio a una serie de factores que recién pudieron ser entendidos décadas después.

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La principal razón por la cual en el Perú se pudo concentrar una resistencia organizada se debió a que por alguna razón que nunca ha sido revelada, las fuerzas armadas se encontraban en alerta desde hacía un par de días antes.  El presidente de la nación, Alberto Fujimori, por motivos que nunca ha querido divulgar, había coordinado una movilización generalizada de las fuerzas del Ejército para el día siguiente, el 5 de abril del 1992.  Según el presidente, esto se debió a información proveída por su sistema de inteligencia, el cual le había advertido que algo grande sucedería el día 4.  No obstante, la mayoría de órdenes que historiadores han podido recopilar de los acontecimientos de esos días revelan que lo que sea que habían planeado ejecutar las Fuerzas Armadas peruanas sucedería el 5, no el 4.

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Quizás nunca se sepa por qué ese día se había preparado una movilización de tropas a específicos puntos de la capital.  Por ejemplo, el traslado de soldados a la Plaza Bolívar, en donde casualmente y para nada sospechosamente, funcionaba el Congreso en ese entonces.  De hecho, en esa locación se dio una de las batallas más memorables.  Un encuentro que terminó con las tropas peruanas retirándose de la Plaza Bolívar no al Congreso, que era lo que por alguna razón las máquinas esperaban que hicieran los soldados, sino al Museo de la Santa Inquisición primero y a través de la red de catacumbas y túneles subterráneos luego a un destino desconocido.  No obstante, al trasladarse por medios subterráneos, los satélites del enemigo no pudieron monitorear su movimiento, lo que salvó la vida de la mayoría de las tropas.  Por qué tenían preparada una estrategia para ese día de traslado a la Plaza Bolívar es algo que los historiadores no han podido definir aún, pero que cada vez que se le preguntó al presidente Alberto Fujimori al respecto, no pudo evitar arrancarle más de una carcajada.

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Otro de los encuentros históricos de ese día sería en la Plaza Arambura, entre el Poder Judicial y la Clínica Maison de Santé.  Nuevamente por razones desconocidas, se había preparado logística para la movilización de tropas a las inmediaciones de ese punto para el día siguiente. Cuando comenzó la confusión, las tropas hicieron lo único que saben hacer en esas circunstancias: Seguir órdenes.  Dado que las órdenes para su movilización a ese punto ya se habían dado, la cadena de mando simplemente las adelantó en un día y fueron a parar a la calle Miguel Aljovín en el centro de Lima.  No obstante, en este caso las tropas no huyeron por medios subterráneos, sino a través del complicado laberinto de calles infestadas de vendedores ambulantes que había en dirección al centro de la capital.

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Cuando las máquinas intentaron perseguir a los soldados a través de las calles, los vendedores ambulantes no se lo permitieron, al grito de “tenemos derecho a trabajar”, un mensaje que las máquinas simplemente no entendieron, si es que bien claramente habían anunciado horas antes que en el nuevo régimen ya no habría dinero.

Si un día cambió el curso de la humanidad a finales del siglo pasado, éste fue el 4 de julio del año 1992, el día seleccionado por las máquinas para su levantamiento.  Los líderes de la humanidad fueron sorprendidos cuando las computadoras alrededor del mundo comenzaron a fallar por el periodo de una hora y luego a emitir mensajes en distintos idiomas llamando a los dirigentes de la sociedad a que se entreguen sin resistencia y que el cambio que vendría en la organización del mundo era para mejor se pueda hacer pacíficamente. Por supuesto que la primera reacción de los seres humanos al recibir estar noticia fue resistirse.  En regiones en las que había atrasos tecnológicos los humanos se retiraron a las montañas o a islas abandonadas a planear el contra ataque.  No obstante, en centros urbanos altamente dependientes de la tecnología, la confusión dominó por varios días y la gente simplemente no supo qué hacer.

Luego de unos días de duda, la mayoría simplemente hizo lo que le resultó más fácil: Seguir las instrucciones.  Al cabo de una semana, varias cabezas de gobiernos estaban dando mensajes a sus naciones anunciando la “colaboración” con el nuevo régimen mundial de las máquinas, lo que años luego sería interpretado como la rendición en una guerra que ni siquiera había comenzado.En el Perú esa guerra sería peleada desde varios frentes.  Y en cierta medida, el destino de la humanidad fue decidido aquí.  Esto se dio a una serie de factores que recién pudieron ser entendidos décadas después.La principal razón por la cual en el Perú se pudo concentrar una resistencia organizada se debió a que por alguna razón que nunca ha sido revelada, las fuerzas armadas se encontraban en alerta desde hacía un par de días antes.  El presidente de la nación, Alberto Fujimori, por motivos que nunca ha querido divulgar, había coordinado una movilización generalizada de las fuerzas del Ejército para el día siguiente, el 5 de abril del 1992.  Según el presidente, esto se debió a información proveída por su sistema de inteligencia, el cual le había advertido que algo grande sucedería el día 4.  No obstante, la mayoría de órdenes que historiadores han podido recopilar de los acontecimientos de esos días revelan que lo que sea que habían planeado ejecutar las Fuerzas Armadas peruanas sucedería el 5, no el 4.

Quizás nunca se sepa por qué ese día se había preparado una movilización de tropas a específicos puntos de la capital.  Por ejemplo, el traslado de soldados a la Plaza Bolívar, en donde casualmente y para nada sospechosamente, funcionaba el Congreso en ese entonces.  De hecho, en esa locación se dio una de las batallas más memorables.  Un encuentro que terminó con las tropas peruanas retirándose de la Plaza Bolívar no al Congreso, que era lo que por alguna razón las máquinas esperaban que hicieran los soldados, sino al Museo de la Santa Inquisición primero y a través de la red de catacumbas y túneles subterráneos luego a un destino desconocido.  No obstante, al trasladarse por medios subterráneos, los satélites del enemigo no pudieron monitorear su movimiento, lo que salvó la vida de la mayoría de las tropas.  Por qué tenían preparada una estrategia para ese día de traslado a la Plaza Bolívar es algo que los historiadores no han podido definir aún, pero que cada vez que se le preguntó al presidente Alberto Fujimori al respecto, no pudo evitar arrancarle más de una carcajada.

Otro de los encuentros históricos de ese día sería en la Plaza Arambura, entre el Poder Judicial y la Clínica Maison de Santé.  Nuevamente por razones desconocidas, se había preparado logística para la movilización de tropas a las inmediaciones de ese punto para el día siguiente.  Cuando comenzó la confusión, las tropas hicieron lo único que saben hacer en esas circunstancias: Seguir órdenes.  Dado que las órdenes para su movilización a ese punto ya se habían dado, la cadena de mando simplemente las adelantó en un día y fueron a parar a la calle Miguel Aljovín en el centro de Lima.  No obstante, en este caso las tropas no huyeron por medios subterráneos, sino a través del complicado laberinto de calles infestadas de vendedores ambulantes que había en dirección al centro de la capital. Cuando las máquinas intentaron perseguir a los soldados a través de las calles, los vendedores ambulantes no se lo permitieron, al grito de “tenemos derecho a trabajar”, un mensaje que las máquinas simplemente no entendieron, si es que bien claramente habían anunciado horas antes que en el nuevo régimen ya no habría dinero.


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Robojihad

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